EL FAMOSO PIB

Todos hablamos, todos decimos, que el PIB pa’llá, que el PIB pa’cá, que si subió, que si bajó y ¿qué es el PIB?

El PIB es el Producto Interno Bruto. Ah no, pos ya!
¿Y que es el Producto Interno Bruto? Pues Dios sabrá!

Pues vamos ahí!!
El PIB es una medida que totaliza la producción de los bienes y servicios de un país en un período de tiempo determinado y se usa como indicador para reflejar la riqueza de una región. Ayuda para saber cuanto se va a recibir en impuestos y así poder saber, cuánto se puede gastar el gobierno en bienes y servicios.

Todo empieza en la década de 1930, la Gran Depresión en USA, en Nueva York, el economista Simon Kuznets quería encontrar la manera de medir la economía en su conjunto para ayudar a salir de la Depresión. Empezó tratando de medir qué era realmente productivo en un sentido significativo… lo que verdaderamente traía bienestar. Pero vino la guerra y déjenme que les cuente, que John Maynard Keynes dice, “ yo no necesito saber cuánto bienestar hay, porque estamos en una guerra y eso no es bueno para el bienestar. Lo que necesito saber es cuánto puede producir la economía y cuál es el mínimo indispensable que la gente necesita consumir, para saber cuánto sobra para financiar la guerra'”, O séase, cuánto necesitaba la gente para más o menos vivir y cuánto sobraba para gastar en tanques, rifles ( yo tenía de niño un rifle de municiones marca “Mendoza”, lo que indica que en esos días, el PIB de mi casa andaba alto) ) y etc. Se acaba la guerra y Estados Unidos necesitaba saber cómo le estaba yendo a los receptores de la ayuda que daba para la reconstrucción, por lo que para ello, también empezaron a usar el PIB. Después, lo agarró la ONU y se convierte en un estándar global.
Esto no le agradó a Simon Kuznets, el creador de la idea original ya que como se ve, el PIB resultó ser muy distinto a su intención original: una medida de bienestar económico terminó siendo una medida de la actividad en la economía.

Y como reflejo se cuenta un chiste: Entra Bill Gates a una cantina y de repente, todos los de la cantina se hacen ricos según el PIB. O sea, el PIB mide la cantidad de dinero de todos los que están en la cantina, pero no de cómo está distribuido entre la bola de borrachos ahí dentro (incluido Bill Gates, viejo borracho).


Y va otro ejemplo, en USA, el ingreso medio de los hogares en EE.UU. está estancado en los niveles de los años 80. Por lo tanto, gran parte del crecimiento que se mide en el PIB va a una sección de la sociedad, el 1% o tal vez, incluso al 0.1%. ¿De qué le sirve eso para la sociedad en general?


Y Japón, con un PIB que al parecer no crecía, tiene “una economía extraordinariamente vibrante, muy rica y sofisticada que parecía mucho más pudiente que la británica. No sólo a mí… un político que vino a visitar me dijo: ‘¡si esto es una recesión, yo quiero una!'” según las palabras del economista británico David Pilling cuando fue a visitar Japón en el 2002. .
“No estoy diciendo que todo fuera perfecto en Japón, sino que la expectativa creada si veías a Japón a través del prisma del PIB realmente no se ajustaba a la realidad de ninguna manera”, explica Pilling.
Y abunda: La calidad de las cosas en Japón es increíble. La calidad de la comida, de los servicios… un gran ejemplo son sus trenes bala, cuyos horarios se mide en cuartos de segundo, sus retrasos son menos de un segundo y también viajan al doble de velocidad. Sin embargo, su contribución al PIB es solo lo que cuesta subirse al tren. No hay ajuste por la calidad”.
“Entonces, un tren británico destartalado que se descompone continuamente contribuye lo mismo al PIB que un tren bala. ¿Por qué? ¿Qué pasa con la contribución a la calidad de nuestra vida?”,
Y eso se proyecta a dimensiones planetarias: “Si fabricas autos que se dañan en un año y tienes que comprar otro, eso es bueno para el PIB. Reciclar es malo para el PIB. La idea es que produzcamos más y consumamos más en un ciclo cada vez mayor, si no queremos perjudicar la economía”, destaca Pilling.


“Pero, la economía es nosotros, la economía es lo que elegimos que sea. La economía puede ser más tiempo de ocio, una vida más larga, mejores servicios de salud o aire más limpio. Pero a menos que midamos esas cosas corremos el peligro de seguir con esta medida de nuestro supuesto éxito en detrimento de otras cosas”.
“Hay que medir lo que nos importa. Si no mides algo, lo más probable es que se pase por alto en las políticas públicas. Lo que los gobiernos miden ayuda a establecer sus políticas. Supón que establecieran una medida que determine el aumento de nuestra esperanza de vida, entonces presumiblemente destinarían más recursos para mejorar la salud de las naciones”, dice el editor asociado del Financial Times.

Así pues las cosas como son. No se trata de descalificar el PIB, que a como se ve, seguirá siendo el estándar de oro para reflejar en cifras el crecimiento económico de un país.


Pero hay que situarlo en su contexto.


Paco Casillas.


PD.- Información tomada de un artículo de la BBC, “Economía con subtítulos”

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