Antes del fin del mundo…

Después del desasosiego inicial, llegó la resignación. Hemos hecho caso al llamado de las autoridades. Decidimos aplicar el “Quédate en casa”, a pesar de que nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestras mentes, anhelan la luz, el sol, el contacto, el bullicio… LA LIBERTAD.

Tras varios días de encierro, me atrevo a decir que el pasar a la Fase 3 de la emergencia sanitaria por el Coronavirus, nos ha obligado a pensar. A meditar. A reflexionar. A llevar a cabo una revisión del pasado, a hacer cuentas y a ser honestos con la persona que vemos todos los días frente al espejo.  A admitir que hemos cometido errores que no sólo nos han afectado a nosotros. 

Y no siempre es fácil aceptar que existe gente a quien le debemos algo. Puede ser una explicación, una disculpa, una invitación a salir, etc.

En Twitter, he leído ya muchas veces que varias arrobas de mi TL narran los acercamientos que han tenido con amigos, familiares y ex parejas, con quienes no tenían comunicación desde hace tiempo. Y me parece bien. Creo que la incertidumbre, la tristeza, el miedo, nos sacuden. Nos conmueven. Encontrarnos de frente ante un posible final de la vida tal como la conocíamos, nos lleva a desear estar en paz, a sentir que no tenemos “asuntos pendientes”.

Habrá quienes recibirán mensajes tipo: “Fuiste importante en mi vida, te quise mucho. No lo supiste nunca, pero en su momento eras mi motivo para sonreír, para querer levantarme cada día. Después cada uno hizo su vida. No vamos a cambiar eso. Sólo quiero que estés bien”.

Otros: “Te ofrezco una disculpa por lo que pasó. Nunca quise herirte. Las circunstancias no fueron favorables. Y se me hizo fácil simplemente alejarme. Sin embargo, deseo que tengas claro que jamás quise hacerte daño, al menos no a propósito”.

Otros: “Lamento mucho estar lejos de ti. Detesto no poder abrazarte y comerte a besos. Te extraño demasiado y quiero agradecerte el que seas parte de mi vida. Cuando todo esto termine, me aseguraré de que la próxima pandemia nos encuentre juntos”.

O los que señalan “Si Dios o el Universo lo permiten, debemos ir a tomarnos ese café que tanto tiempo hemos postergado. Pon la fecha”.

Y ojalá que así sea. Que de esta crisis salgamos convencidos que cada día es un regalo. Que lo único que tenemos es el tiempo presente. Y que casi siempre la vida nos da la oportunidad de ser felices. Sólo tenemos que sentir que nos lo merecemos. Y claro, también tenemos que atrevernos a decir que sí.

Carpe Diem, camaradas. Carpe Diem.

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