Las familias

Un espacio en el que convivían tres generaciones: la abuela, la madre, las hijas. Esa fue mi familia durante 17 años. Una de los cinco hermanos de mi madre, a la que realmente asumo como mi tía, invariablemente presente; y luego sus hijos, mis únicos dos primos, a pesar de que haya bastantes más.

Hoy, somos mi hija pequeña y yo.  Hasta hace medio año había otra persona con nosotras. Éramos parte de una familia inmensa. Tenemos planes de volver a ser tres, si es que un buen gato así lo dispone.

Y así, supongo, las familias cambian. No en todas habrá personas de la tercera edad, ni más de un adulto, ni adolescentes, ni infantes. Todas con necesidades y aspiraciones diferentes, algunas con miembros que no son de la misma especie. El concepto se mueve, se adapta, se estira, tratando de cobijarnos a todas. 

Comprendo que nuestros lazos más originarios permanecen aunque se rompan.  No depende de mí, no lo puedo cambiar. Soy madre, sobrina, hija, prima, hermana, nieta -de alguna u otra forma, en la presencia y en la ausencia. Hay personas que ya no  no están en este mundo, hay otras que simplemente ya no están en mi corazón. 

Estoy consciente de la importancia de observar  las medidas de distanciamiento social, pero no me parece que en ellas se esté considerando que, más allá de quienes las conforman, cada familia vive y sobrevive de maneras bien distintas.

Trabajo y salario dignos no son lo común para todos; poderlos conservar en estos tiempos es algo verdaderamente prodigioso. Techo, alimentación, educación, servicios son aspectos básicos de la vida que muchas personas siguen sin disfrutar, y de todas maneras hay que regresar a las aulas de manera remota, como si eso fuera una verdadera solución para las familias con hijas e hijos en edad escolar.

¿Qué vamos a hacer para que todas las familias tengan la oportunidad de cumplir con lo que recomiendan las autoridades durante las siguientes semanas? ¿Vamos a sacrificar a quienes viven al día? ¿Les llamaremos tercos, inconscientes, “pobres porque quieren”? ¿Qué necesitamos para que lo mínimo básico ya deje de ser inaccesible para tantos? ¿Qué se requiere para que los funcionarios y los dueños del dinero sientan en su piel la realidad de este país?


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