¿Valdría la pena cancelar el Tren Maya?

La primera línea de ferrocarril que se construyó en México, fue la ruta entre Veracruz y la Ciudad de México en 1842 bajo el mandato de Santa Anna, pero su mayor expansión tuvo lugar durante el Porfiriato (1876-1910), logrando pasar de 416 a 15,310 millas de vías férreas.

La infraestructura ferroviaria porfirista, que se financió con inversiones provenientes principalmente de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, pasó a manos del Estado con el decreto de nacionalización del presidente Cárdenas en 1937. Sin embargo, la falta de modernización, una estrategia de operación obsoleta, el exceso de trabajadores y sobre todo la corrupción que caracterizó a las administraciones priístas en los años siguientes a la administración de presidente Miguel Alemán (1946-1952) llevó a la quiebra del sistema ferroviario, culminando con su privatización con la administración de Zedillo en 1995 en plena época neoliberal. 

Desde entonces y con la globalización de la economía mexicana en la década de 1990 los trenes dejaron de ser prioridad para el Estado y se continuó privilegiando a la infraestructura automovilística, ignorando los beneficios sociales y económicos que podría traer el tren. Mientras tanto, en China se iniciaba  la planificación de su red ferroviaria, logrando inaugurar su primera línea de alta velocidad en 2003. Hoy en día, China cuenta con la red de alta velocidad más grande del mundo y en Europa se sigue privilegiando la inversión en trenes, al ser un transporte limpio, que tiene una visión social y que contribuye al crecimiento económico. 

Sin embargo, en México, los detractores de la 4T han politizado el proyecto del Tren Maya, aludiendo a sus posibles “daños ambientales” y el “rechazo” de las comunidades,  tratando de defender a los pueblos indígenas que abandonaron por décadas y que quedaron fuera del desarrollo del país. Los gobiernos neoliberales apostaron por la privatización de los recursos estratégicos del estado, incluyendo los ferrocarriles. Bajo la premisa neoliberal, adelgazaron el papel del Estado y no corrigieron las fallas del mercado derivadas de la concentración de los recursos en las regiones con las mayores ventajas económicas, dando pie a un círculo vicioso que generó preferencias hacia las regiones más competitivas, y discriminación de las regiones más pobres. 

El proyecto del Tren Maya es el proyecto más legítimo de López Obrador para corregir las asimetrías en el desarrollo entre el Norte y el Sur causadas por el modelo neoliberal. Aún mas, es una oportunidad de oro para que el titular del Fonatur, Rogelio Jiménez Pons, inhiba cualquier manifestación de corrupción por parte de los funcionarios responsables del proyecto. Pero sobretodo, el Tren Maya representa el  mayor esfuerzo del Estado para recuperar un área estratégica clave con el fin de potenciar el desarrollo social, cultural y económico de la península de Yucatán.

Orlando Vázquez


Fuentes:

https://www.infobae.com/america/mexico/2020/01/08/la-apertura-de-tres-nuevas-zonas-arqueologicas-en-la-ruta-del-tren-maya-es-viable-determino-el-inah/

https://inah.gob.mx/boletines/8206-convenio-entre-inah-y-fonatur-impulsara-el-cuidado-del-patrimonio-cultural-durante-la-construccion-del-tren-maya

Fuente imagen:

http://www.trenmaya.gob.mx/

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