SÍSIFO

Era humano. Y desafió a los dioses. Al respecto hay varias versiones. Una, la de Homero, que nos dice que Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Asopo fue con Sísifo, quién era Rey de Corinto a preguntar si sabía algo al respecto y Sísifo, que ya se sabía todo el chisme, le prometió informarle de todo con la condición de que le diera agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió el agua para su pueblo que el manto protector de los dioses. Resultado, condenado al infierno cuando los dioses se enteraron.

Otra versión, también de Homero, que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón, harto de ver su imperio vacío (no había muertos pues), envió al dios de la guerra para de tal manera liberar a la muerte de su captor.  Resultado, de vuelta pa’l infierno.

El caso es que por angas o por mangas Sísifo, por desobediente, fue al infierno. Y la pena que le fue impuesta fue que todos los días invariablemente y por una eternidad, tenía (y tiene todavía,(aún sigue ahí el pobre) que remontar una colina empinada empujando una roca hacia la cima bajo los rayos abrasadores del sol. Al llegar a la cima, la roca cae rodando por la colina y Sísifo inicia el descenso para al día siguiente iniciar de nuevo la misma actividad con el conocimiento de que todo ese esfuerzo es inútil pues está condenado, y lo sabe, a realizarlo por toda la eternidad y sin significado alguno. 

Sin embargo, en el descenso, Sísifo se tiene a solas consigo mismo y se solaza pues sabe es el destino que escogió. Despreció a los dioses, odíó a la muerte, amó la vida y sabe que es el precio que por ello ha de pagar. Y se sabe sin esperanza.  Y el saberse sin esperanza  es su victoria misma pues le elimina la tristeza que generan las ilusiones fallidas.

Cabe imaginar, en el Sísifo de Camus, a un Sísifo victorioso cada día en el descenso de su brega eterna.

Sísifo representa así, al Hombre Rebelde.

Y hoy existen muchos ciudadanos comunes, muchos Sísifos, muchos hombres rebeldes en este país que luchan día con día  por un cambio aun sabiendo que el pez grande va a comerse  siempre al chico, escuchando el discurso de que todos son iguales  y sabiendo qué aunque nada cambiase en el fondo, vale la pena afirmar la autonomía del actuar en las cosas que uno ama, en las cosas  que uno cree  y  lo  juzga verdadero. El bien común.

Y esa lucha representa la victoria para esos “hombre rebeldes”.  

Paco Casillas. 

PD.- Por supuesto inspirado en el Sísifo de Camus.

PD2- Dedicado a todos aquellos ciudadanos comunes y corrientes que luchan por el solo ánimo de luchar, por cambiar las cosas sin esperar nada a cambio más que el bien común.

PD3- Y nada más adecuado que repetirme con Palabras para Julia.


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